Terminaba de leer la
máquina de follar cuando me di cuenta que se me habían acabado las
pastillas. Me levanté de la cama, pero la sábana se me había quedado pegada
a las piernas.
El día estaba nublado y yo sentía ganas enormes de vomitar.
Eso era normal, por lo que decidí dar una vuelta por la cocina y mirar dentro
del refrigerador por si había algo para beber. Tomé una botella de leche y caminé
al mueble cerca del lavaplatos para tomar la caja de paracetamol. Tomé 4
pastillas las puse en mi boca y tome un gran trago de leche. Di un par de vueltas por la casa, y sentí esa sensación de
que ya no me quedaba nada más que hacer. Volví a acostarme y
me puse a dormir.
Al despertar todo seguía igual, menos la almohada que estaba
mojada por la cantidad de saliva que había dejado salir de la boca. Me di
vueltas en la cama como tratando de aplanar el colchón una y otra vez. Pensaba
en cómo salir de este lugar sin caerme por las escaleras. Sabía que no era fácil y tenía que pedirle
ayuda a mi cuerpo para que se pusiera en contacto con mis piernas, que mientras
tanto, volvían a sufrir calambres tibios bajo las mantas de la cama.
Al saber que la vida no iría a ningún lado, ya que tu
cuerpo está postrado en una idea pesimista, atrapada en un lamento psicológico
maldito; decidí darme el tiempo de contar una historia. Que en verdad no es
una historia, sino un relato absurdo, de esos que comúnmente suelo
enseñarles a las personas que no me conocen y tienen tiempo de creer que hay algo
interesante al final de la lectura, pero en conclusión no tiene sentido ni en
lo narrativo como en lo significativo, creo.
El relato Se llama:
"LA ZONA"
El Miéroles 8 de octubre del 2012, fue el día en que claudio
se dio cuenta que él ya no sería responsable de las consecuencias producidas
por las borracheras de su madre. Por lo que decidió tomar su maleta y salir a
caminar por el país.
Recorrió la ciudad
Recorrió el campo
Recorrió la playa
Recorrió la montaña
Finalmente volvió al campo y decidió ubicarse en Vilches
alto, muy cerca de la ciudad de Talca, pero hacia la cordillera.
Al principio durmió debajo de un puente, que separaba dos rios importantes de
esa región, el rió azúl y el rio Blanco, pero aclarar ésto no es de importancia.
Lo que importa es que claudio observó la naturaleza con ojos
que jamás había pensado que llevaba consigo. Comió vegetales con una boca que
jamás pensó que cargaba. Olió flores con una nariz que no sabía que tenía,
y escuchó el viento, con oídos que nunca
había prestado atención.
Todo esto hizo que
Claudio se transformara en un enorme trozo de hielo
y ahí se quedó.
Cuando abrió los ojos ya era verano, las golondrinas
cantaban por el campo, las montañas y los volcanes.
Claudio, al observar su cuerpo, se dio cuenta que ya no seguía congelado.
Ya no tenía frío
Por lo que decidió volver.
Al llegar a casa, descubrió que su madre dormía en un sofá
tiritando.
abrió las puertas de la despensa y sacó una botella
de vino, la descorchó y sirvió dos copas. Las puso sobre la mesa y despertó con
un beso a su madre.
Ella lo miró con rabia en lágrima
y le preguntó que dónde había estado todo éste largo año
Claudio la miró con esos ojos Animales y le respondió en un
secreto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario