martes, 1 de noviembre de 2011

Materia Prima


Caminábamos un par de cuadras a la redonda por la isla. Julián, ya no veía nada. sólo la línea del ocaso púrpura que desaparecía en el horizonte. Los demás manteníamos la conversación que no nos dejaba escapar. Sebastián había llegado de California hacía un par de meses, pero esta vez lo acompañaba un sujeto muy alto y pálido que no lo dejaba hablar.

La reunión se generó, cuando vimos en las noticias que la revolución había comenzado en santiago. Nosotros éramos jóvenes, pero no tanto. La generación pingüina se defendía. Los X nos perdíamos en distintos lados de los cerros para emborracharnos y discutir entre nosotros cuestiones políticas, asuntos literarios y artísticos. Discutíamos para saber quién tenía la razón. Quién leía más, quién citaba a más escritores, y la literatura se vaciaba en menos de lo que acabábamos nuestros vasos.
La ciudad nos miraba como calaveras jóvenes, sin pretexto para nada, Tomándonos de la mano para cruzar la calle. Nos reíamos del mundo y él de nosotros. La eterna batalla entre los miserables y los dioses; a la salud de quienes estaban muertos y resucitábamos en palabras.

No teníamos idea que nuestro pasado se forjaría esa tarde. Haciéndonos partícipes de nuestro futuro. De nuestro presente. Algo sucedía en el ambiente que nos llenaba de ideas frescas, sin olvidar que nuestra juventud se partía. Sabíamos que nuestra forma de yacer, era el broche final de la estupidez. Y estábamos dispuestos a saltar al lago. A La laguna en el bosque. A La belleza debajo del agua. Mientras el licor se esfumaba, pero iríamos al encuentro de Ulises Lima, a los textos mojados. Por que el agua con la tinta se fusionan para desaparecer, como Burroughs y Kerouac entre los aullidos desde las cloacas. Y sin duda Hank estaba allí, silencioso en un rincón, pensando en lo idiota que éramos, y en las ganas de reventarnos una botella a cada uno en la cabeza.

Pero no lo perdimos. Y se quedó para siempre, En un viaje Kafkiano al otro lado del mundo. Lleno de insectos borrachos. Enfermos del mal de Montano. Que era de lo que estábamos hablando sin abrir la boca.

Del real Infra filológico.

viernes, 7 de octubre de 2011

Octubre

Llevo años sin saber de ti
Alguna vez pensamos igual
En algún momento
Nos vimos
Te leí
Me leíste
Un diptongo
De ti-amor

Híbrido
Pero te dejé
Me dejaste
Nos leímos juntos
Empezamos de nuevo

Letra A


Ahora no te escribo
Por que se que no me leerás
No te leo por que se que no
Escribirás


No leeré


Pero
Matamos un valle
Infinito de lagunas
Pinochetistas

lunes, 26 de septiembre de 2011

Manos sobre la Mayúscula




LA fabrica esta abierta para ser derrotada en un cuento que no es precisamente un cuento. Dejémoslo claro. La razón de todo era existir para narrar una historia sencilla y sin motivo alguno Comenzamos de nuevo.

Más tarde, como a las 5 de la mañana, el pobre hombre derrotado vuelve a casa. Pero esta vez no regresa a casa pensando que ha tenido un mal día, por el contrario, vuelve feliz. Y vuelve feliz por que el día lo ha sorprendido de manera brusca y sin preservativo. Al principio, en la mañana, parte con un café. Él pobre hombre no esta acostumbrado a tomar café en las mañanas, por lo que todo el día siente mal estar estomacal. Esto no impide que haga el día tal cual fue programado. Al salir de su casa, sale muy abrigado, ya que en esa región en particular, las mañanas son muy heladas, con una llovizna muy ligera y humeante. Pero durante el día, el cielo abre y 20 grados de calor entran por su cuello. Dejándolo derretido y deshidratado antes de las 3 de la tarde. Vuelve en sí y baja unos litros de agua. Pero sigue adelante. El hombre derrotado, siempre ha vivido derrotado por lo que nada le sorprende. A la hora de almuerzo su comida ha sido robada. Un sobre de sal espera por él, en una bolsa grande y vacía que se infla por el viento caliente que la tarde trae consigo. El hombre derrotado camina al basurero y entierra la bolsa en otra bolsa. Las bolsas se mimetizan cuando contaminan. Éstas se mimetizan. El hombre derrotado envuelve sus cuadernos por que ya no les sirven. Las hojas blancas se han terminado y no recuerda la última vez que terminó un cuaderno. Pero el cuaderno se mancha. El lápiz del bolsillo de la camisa gotea. Su camisa gotea. El hombre derrotado no gotea. Limpia el desastre y vuelve al basurero. Piensa que esta vez se quedará junto al basurero por más tiempo. Tiempo que no tiene, por que ya es hora de volver a casa. La casa que siempre olvida que tiene, por que en verdad no tiene. No tiene nada y nada le sorprende. El hombre derrotado toma sus cosas sale a la calle y vuelve. Vuelve al principio de todo. Donde amanece y atardece al mismo tiempo para comenzar de nuevo la tarde noche y dormir. El hombre derrotado abre la puerta de su dormitorio y se desnuda. Cuelga sus pantalones y su camisa. En verdad nunca usó camisa, pero le hubiera gustado mucho usar una. Alguna que le quedara bien. Pero no tiene y no se preocupa ya que otras veces había pensado lo mismo y no llegó a nada. El hombre derrotado cierra las ventanas y prende la luz de su velador. Se tiende. Se cubre con las mantas de cama. Apaga la luz. No puede dormir como todas las noches. Pero se siente distinto. Esta vez no se siente derrotado, al contrario, se siente feliz. El hombre derrotado no puede dormir. El hombre derrotado no puede dormir por que ya no se siente derrotado. Ahora se siente feliz. Recuerda que no ha pagado la cuenta de la luz. El agua. Pero se siente feliz. El hombre derrotado se desarma, se hunde en el sueño perfecto de las horas, camina por el suelo como todos los días, pero ésta vez esta dormido.

lunes, 8 de agosto de 2011

Soñar es humano mientras no bote mi vaso de vodka


Domingo
Hoy soñé que no despertaría más si me volvía a dormir, como si mis recursos de sueño se hubieran agotado. Ahora tengo miedo de despertar y de quedarme dormido. Pero no me preocupo, mi alma me salva todas las noches, moviéndome, despertándome a media noche. De alguna u otra manera creo que intenta decirme algo, pero si no está escrito, jamás le tendré importancia. Desearía estar vivo para poder ver a mi alma con una pluma, escribiendo versos en prosa sobre aquellas visitas borrachas a media noche sobre mi tumba.

martes, 7 de junio de 2011

Eclipse


Subía por una colina. El cielo se veía demasiado azul para ser un día martes. Caminaba junto a varios periodistas hacia la cumbre, donde se suponía encontraríamos restos de construcciones precolombinas o algo así. Durante la subida, a lo lejos, divisaba una mujer de pelo largo, una morena hermosa que había visto en algún sueño con anterioridad. Seguimos subiendo, entre ramas secas y troncos huecos que bordeaban el cerro. De pronto, una especie de fuente enterrada en la montaña, hizo que nos reuniéramos todos y que miráramos el interior. Estaba toda trizada, era una reliquia antigua, una bacinica del pasado. Yo sentía que no quería estar ahí, y mi almohada sudaba bajo las sábanas verdes. Volví a mirar el interior de la fuente y tras limpiar las hojas secas que la cubrían, me di cuenta que había una serpiente, verde venenosa, incubando sus huevos, atacando a la multitud por encima de la greda. Todo el mundo enloqueció. Todos gritaban, todos corrían, más de alguno resbaló y rodó por la colina. Pero yo me quedé y la mujer hermosa también. Yo no quería soñar con eso, quería otra cosa, y sabía que estaba durmiendo. Medité unos segundos y me di cuenta que podía controlarlo todo. La serpiente se transformó en una cama antigua, metálica, sobre las ruinas precolombinas. Todos dejaron de gritar, y yo la miré a ella que ya estaba desnuda. Flotó hacia mi y la abracé como un niño a su infancia. La besé y la acosté sobre la cama. Todo el tiempos sabía que era un sueño, y no hice desaparecer a nadie, al contrario, les pedí que miraran, que me miraran, Que nos miraran. Y la amé; la follé como nunca a nadie en mis sueños, de todas las maneras, en todas las posiciones, por todos los lugares donde podía penetrarla con amor. Hoy estaba soñando cuando desperté dormido. Me estaba transformando en un eclipse de sol, donde yo era el universo y ella las hojas de una canción muerta que hace años quería escuchar.

martes, 10 de mayo de 2011

El Amigo del Perdedor






El Perro es un sujeto de unos 25 años. Es un alcohólico y fumador de ganja compulsivo. Todo el mundo lo conoce. Pero no tiene ningún amigo. Intenta leer algunas cosas, pero entiende la mitad. Pasa todo el día en la calle, cerca de una botillería, donde es más fácil conseguir licor sin desplazarse mucho. Cada fin de semana tiene donde ir. Algún panorama o simplemente vagar. Sus amores nunca fueron correspondidos, o él simplemente no infló. Sus actividades son regulares y no muy variadas, nada especial, no hace nada bien. Lo que intenta lo deja tirado, lo que no intenta nunca existió. Sus sueños siempre se desvanecen con alguna carcajada ajena o por que lo olvidó. No vale la pena para nadie, más que una botella de alcohol o un par de cuentos entretenidos, es que lo encuentran un tipo complicado de entender. En realidad no lo sé. Siempre lo voy a visitar de vez en cuando y me cuenta sus problemas, yo le comento que todo es su culpa y que debe hacer algo con su vida y dejarse de estupideces, algún día no tendrá la energía que hoy tiene, algún día lo perderá todo (o nada). Su corazón esta partido en 15, por que a los quince lo abandonaron por un sujeto adinerado y con expectativas de convertirse en un hombre al igual que su padre. Perro no conoce a su padre. Su madre es una sobre protectora católica y bipolar que solo le pide que se transforme en ella. Cada día que pasa veo a perro peor que nunca. Más gordo, barbón y chascón. Cada día fuma más. Le digo que todo esto es su culpa. Me dice que lo sabe, lo sabe, Pero no puede hacer nada contra todo el mundo. Cada día se siente peor. Cada día le cuesta levantarse, cada día piensa qué habrá para beber y cada día piensa en su muerte.
Cada vez que lo veo, me cuesta creer que soy su amigo, cada vez que lo escucho me acuerdo de mi madre y su afán de alejarme de las “malas juntas”. El perro siempre está en el mismo lugar, con las mismas personas y pensando siempre lo mismo. Es un tipo complicado, pero siempre sabes lo que está pensando, por eso nunca lo defraudaré. El perro no escucha a nadie, ni nadie escucha al perro. Solo un bostezo y un “tienes un cigarro” son sus “hola y chao” del día. Siempre pienso en el perro. Tengo una obsesión heterosexual con él. Me duermo sabiendo que algún día no estará ahí. Eso me alegra. Pero despierto apenado sabiendo que ya se ha levantado, o que nunca se acostó. Mañana lo veré, hace mucho tiempo que no lo veo. Creo que está trabajando en un puesto de oficina. Me rio solo, pensando en que está sentando de terno y corbata haciendo lo que siempre me dijo que no haría. Pobre perro. Sé que se reirá conmigo. Pensar que una vez le disparé en una pierna. Pobre perro. Le invitaré una cerveza después de levantarme, ya son más de las 12.

lunes, 4 de abril de 2011

La madriguera


La noche estaba escrita hace más de una semana, el problema es que ninguno de nosotros sabía como iba a terminar. Quizás Felipe estaba más alegre de lo común.
La lengua de cada uno estaba retorcida por historias antiguas que nadie quería escuchar, y nos quedamos sentados , mientras el viento nos llevaba en la ruta, cuando el alimento de fotografías que sólo habla cuando alguien muere, compraba ají. Pero nadie murió . Si susurramos nombres. Nos reímos hasta volver a nacer otra vez , sabiendo que nuestros pasos, seguían gritando por un cambio sagrado y valiente.

Seguimos bebiendo de la tarde, que por cierto, nos vomitó encima, con la noche que llegó pasada de copas. Pero Matías seguía ahí, con las zapatillas bordadas de ira ,y blasfemias amistosas, que nos unía en una montaña de gritos y risotadas, que anunciaban las pocas horas que nos quedaban. Aún así, la mentira de Rodríguez mató la luz de esperanza, de bohemia, que seguía encendida, como la broma y la bipolaridad de un ciego perdido, que lleva su bote donde no lo quiere ver y se arrepiente, pensando que la noche se esfuma con las personalidades; es ahí cuando Felipe perdió el control y nos quedamos con su pena, y maldecía nuestras vidas, que reían en lo alto del atardecer de la noche. Todo se esterilizó en las olas de la borrachera , cuando solos, vagabundeamos y trazamos líneas de coherencias con el amor , Y la besé con mi corazón, ardiente y maloliente para dormir.

Todo valió la pena. Todo es así. El lamento no es demasiado tarde, y los amigos siempre serán amigos, aún cuando no tenga sentido, y serán venditos y poco serios y olvidados y quemados y serán lentos y perdonados ; como el final de una afeitada, o la calma del sueño, cuando abrimos los ojos en aquél sofá. Cuando todo cabe en una botella de jägermeister.

miércoles, 30 de marzo de 2011

El Aguafiestas



Siempre hacemos fiestas y esas cosas. El problema es que nosotros no vamos a las fiestas. No nos gustan las fiestas. Y entre fiestas y fiestas, me quedo con la mejor, en la mía, la mejor fiesta, la que me gusta más, la que tiene todo lo que yo quiero que tenga y no falta nada. ¿me entiendes? Las otras fiestas tienen ese no se qué… cosas que a otros les gusta, y cuando una fiesta ajena es mala, es por que ha sido realizada entre dos o más personas, y esa si que es una mala fiesta, la Madre muerte de las fiestas, y siempre termina en una pelea o a algo muy parecido a tener sueño, aburrida. Nadie entiende algo y nunca nadie Festejó.

En fin, mejor dejémonos de Tonteras y pensemos bien las cosas. Quédate tu en tú fiesta y no Vengas a la mía

viernes, 25 de marzo de 2011

El fin del Recuerdo



Hoy vi al hombre más viejo de la historia. Un tipo enorme, Media como 2 metros y medio de altura.  Tenía la piel más arrugada que las grietas del desierto. Sus orejas eran enormes y su nariz casi tocaba la parte superior de su labio. Tenía pelos por todos los agujeros de su cara, Pero su barbilla perfectamente afeitada. El color de su piel era grisáceo – celeste. Caminaba lentamente y erguido, con la mirada marchita. Sabía que lo conocía de algún lado. Lo Traía del brazo un hombre moreno, de edad adulta. El encuentro fue en un galpón. Yo estaba sentado en una silla en el medio del lugar. No había nada ni nadie. Los dos hombres se acercaron y se sentaron junto a mí: “estamos esperando a que lleguen los demás”, me dijo el hombre moreno. Asentí con la cabeza. No sabía en realidad lo que hacía ahí. Me habían llamado un par de días antes, diciéndome que me reuniría con ellos para discutir temas familiares. En realidad no conocía ni al moreno ni a ese hombre tan viejo. Al rato, llegaron mujeres y hombres, niños, gente de distintas edades y se sentaron con nosotros. Yo no conocía a nadie. Al cabo de un rato, todo el mundo estaba conversando, y existía un ruido aromático de madera quemada en el ambiente. Todos conversaban, a excepción del hombre viejo y yo; mientras que comía maní de una manera exagerada. “A este hombre lo conozco”, me dije. De pronto me miró y no pude esquivarlo. Después de 2 segundos, seria notorio y vergonzoso hacerle el quite, así que le sonreí. Se me acercó y me dijo al oído: “Mi mujer me dejó por un astronauta colombiano y hoy estoy de cumpleaños” - Lo miré extrañado, pero asentí con la cabeza nuevamente. - Feliz cumpleaños - le dije - ¿cuántos cumple?”- el viejo se me volvió a acercar: “debo tener cerca de los doscientos años, si mal no lo recuerdo. Pero me siento mejor que nunca. Es más, ya no siento frío ni calor, no siento mi cuerpo” - lo miré y le dije -: ¿cómo es que ha vivido tanto? A caso ¿no está cansado? - El hombre miro para todos lados. Supongo que para ver si alguien nos estaba escuchando.- “tengo un secreto”, “la carne de los elefantes es la clave”.- El hombre se sirvió una copa de vino.- “Nada te da mas fuerza qué la carne de Paquidermo. Sin poner en duda su sabor, Es exquisita. Los Inuit llegaron a vivir más de 150 años. Según ellos, la carne de mamut tenia poderes sobrenaturales que prolongaban la vida”. - Sin dejar de escucharlo lo miré una vez más y sentí que lo conocía de algún lado. Me levante y fui al baño. Mientras orinaba, imagine una pareja de esquimales fornicando sobre el hielo. En un desierto de hielo. Mientras a lo lejos, una manada de Mamuts, en estampida, corrían hacia nosotros.. ¿No será que el viejo se estaba transformando en un elefante? Me reí. Sabía que me estaban jugando una mala pasada. Me la sacudí y volví a mi puesto. El viejo seguía ahí. Lloró un par de veces, cuando la gente le conversaba. Seguramente estaba borracho. Se sirvió otro vaso y unas mujeres le quitaron la botella. Por lo que se escuchó a lo lejos, el hombre vivía solo, nadie lo conocía, y yo estaba seguro que lo había visto en algún lado. Al final de la velada, nadie se quedó. Sólo yo, el hombre moreno y el hombre viejo. El hombre moreno ayudó a levantar al hombre viejo y nos despedimos. El hombre viejo se me acercó al odio y me dijo: “te he visto en otra parte, cuando joven, hace 200 años, y decidimos juntarnos en este lugar, a esta hora.”- me dio la mano, y me pasó una servilleta. Los vi alejarse por la puerta de metal del galpón. Me acerqué a la mesa y vi que aún quedaba vino. Me lo serví en una tasa. Estaba solo. Bebí el vino y me eché un puñado de maní en la boca. Saqué la servilleta, la miré y me fijé que había algo escrito. Me reí y me limpié la boca con la servilleta. Me senté en el plástico frío bajo techo y prendí un cigarro, pensando:”estoy seguro que a ese sujeto lo he visto en alguna parte”.

UNA GENERACIÓN TRANSPARENTE


La generación idealista, a finales de los años noventas y principios del año 2000, alberga una problemática Social y Generacional en cuanto al espacio y tiempo en nuestro país. Podríamos decir que nuestro periodo de "Libre Expresión" ,por aquellos años , se manifiestó distinto al de los demás. Según mi teoría, nadie tiene la culpa. Ni la Dictadura, ni la sociedad, ni estados unidos, ni el calentamiento global, etc. Nacimos en una época donde a nadie le importaba un carajo Cambiar el mundo, y por supuesto nosotros, sólo teníamos ganas de ver MTV. Si lo comparamos con la Generación de Los Pingüinos, que de por sierto, son nuestro seguidores Generacionales, podemos declarar que con intolerancia se manifestaron por el desacuerdo a la reforma estudiantil, que a nosotros nos había tocado y no nos había importado en lo absoluto. Dejando en claro nuestro poco compromiso con nuestro entorno. Verdaderos seres individualístas y déspotas sin intereses en la Sociedad, ni mucho menos, interes en el pasado.

Pero por otras parte, Nadie quería cambiar nada. Nuestros padres nos recalcaban todo el tiempo, lo afortunados que habíamos sido al nacer en Democracia. Por esto, debíamos dejar las cosas como estaban, por eso , debiamos conformarnos con lo poco, debiamos terminar el colegio y conseguir empleo, convertirnos en seres grises y fanfarrones antipinochetistas. No debíamos imaginar nada, ya que lo imaginado estaba pasando. El miedo invadió todo lo poco que les quedaba por transmitirnos , y la diversión estaba en las calles. No olvidaré jamás lo que ésta "generación de transición" fué, és, y será; Un agujero perdido en el tiempo de la historia. No es nuestra culpa, nacimos en el momento y en el lugar equivicado, con compañeros equivocados, de lenguas cortas, y padres conformistas, y sólo ahora podemos comentar y retomar lo que sucede y se puede lograr con las Generaciones: una Revolución.


Nunca me quejé, a nadie le importó mi opinión, chile estaba creciendo sin nosotros.
nosotros éramos ellos, sin que alguien lo supiera.


A.S.

DOMINGO 11 / 09


5:34 de la mañana. Sentado en un bar restaurante, con 6 sujetos en una mesa para 4, miraba por un espejo las tetas de una boliviana extranjera voluptuosa. Pesaba unos 80 kilos. Era morena y llevaba un escote que le alcazaba el obligo. Un sujeto coqueteaba a su lado mientras no despegaba la mirada de sus enormes senos negros. Juntos tomaban cerveza y fumaban cigarrillos de una marca desconocida, seguro tenían sida. La pareja que los acompañaba estaba conformada por un decrepito hombre canoso, y una joven que parecía estar mas interesada en su billetera que en las palabras de romanticismo que a cada rato el sujeto le parlaba entre copas y copas. Habrán tenido unos 70 y 30.
Llevábamos la cerveza numero 7 en la mesa. Uno de los sujeto me preguntaba si estaba bien.
- estoy bien- le comenté- seguido de una gran burla de toda la mesa, quienes esperaba que saliera con algún chiste idiota, de los que acostumbro hacer cuando me siento desadaptado.
Al volver la vista al espejo, me di cuenta que la pareja donde UN PAR DE TETAS COMPONÍAN el cuadro, había desaparecido. Que al volver la vista, pasaban por mi izquierda y se perdian en el baño. Nada podía pensar, Sólo imaginar que aquél tipo ocuparía sus mamas como grandes tentáculos masturbadores.
De pronto un completo italiano nublo mi vista. uno de los sujetos, ebrios, se había rajado con unos bajones. Me preguntó:
¿te comes otro , Alberto?
Prefiero otra cerveza- le respondí.
No seas canalla , llevo 7 cervezas compradas, sin que algun mamerto se tome.
Yo sí, las He bebido todas - respondí al mismo tiempo que expulsaba un erupto en la cara de Fernando, un tipo el cual estaba quedando calvo por culpa de la herencia de su abuelo.


al abrir los ojos, me encontré en un bus de Transantiago, durmiendo, al lado de un sujeto que intentaba animar a todo el bus. Con sus dotes de payaso - humorista , sin esqueleto. Quizás alguno de la plaza italia, en santiago.
Los que me acompañaban, fumaban y reían. De vez en cuando se acordaban de mi y levantaban la mirada, buscándome entre todos los borrachos que aquella hora tomaban el transporte publico.Una puerta se abrió. Nadie bajo. Un borracho que pasaba gritaba sin compasión – malditos borrachos. No son mas que viles y crueles borrachos. – al cerrarse las puertas, dos de mis acompañantes rieron denigrántemente, mientras empinaban sus botellas de cerveza , alcanzando tomar el último concho.
Sin pensarlo, me bajé del bus. Llevando siempre empuñado en mi mano el último cigarrillo que me quedaba. Pensando que quizás nada importaba mas que caminar con aquél tabaco luminoso. Una sombra enorme me seguía. Cruzaba la calle al mismo tiempo que le decía que todo iba andar bien. Al darme vueltas, me di cuenta que Rodrigo se había devuelto, pensando que podía quedarse en mi casa. Me dio pena, por eso lo alojé en el baño, en el piso de arriba de mi casa. Al llegar a mi habitación, me Senté y encorve mi espalda para escribir un informe sobre Filtros Conversores.

(Relatos Cortos 1)


No cabe duda alguna, que una pichanga con los amigos no hace mal de vez en cuando. Sobre todo cuando hay algún porro o trago previo y post del juego. Pero el último partido nos pasamos de la raya. Terminamos el peloteo, y gracias a dios, como no somos futbolistas profesionales, nadie nos esperaba con un doping a la salida. Ya que de ser así, nos hubieran expulsado del planeta fútbol para siempre. Terminamos el partido y busqué en la camioneta de pablo otra lata de cerveza, estaba borracho y quería anotar un gol en mi riñón. Nos subimos al vehículo y partimos rumbo a la casa de agustín, donde suponíamos seguir la borrachera. Paramos en una boti, camino a la farfana, y compramos dos promos de pisco con Limón soda. Y robamos un paquete hielo. Y robamos un paquete de snacks. Y robamos un puñado de comida para perros, que vendían en la misma botillería. Al salir de allí, íbamos riéndonos de todo, de las mujeres, de los estudios, burlándonos de recuerdos del pasado, de las drogas y todo eso. Cuando de repente, entre la oscuridad , (eran ya las 12 de la noche de un día de semana Laboral) apareció un sujeto en bicicleta justo en frente de nosotros. Pablo, quien iba manejando, trató de esquivarlo, pero fue imposible. La camioneta lo golpeo hacia adelante y luego, sin poder frenar , pasó por arriba de él. Pablo no detuvo la camioneta y nadie abrió la boca. En la radio sonaba una canción antigua de los Jaivas – “Todos Juntos” – cuando la apagué, y todos nos quedamos con las miradas perdidas. – Tenemos que devolvernos - decía agustín - en la parte de atrás de la camioneta. Pablo, sin quitar la mirada del espejo retrovisor, seguía conduciendo. Yo me desabroché el cinturón y abrí una botella de pisco. Le puse unos hielos y le serví bebida. – Tranquilos cabros – les dije – seguramente el compadre se levantó y partió a su casa, no hay de qué preocuparnos. Pablo seguía manejando muy serio, y le alcancé un vaso con copete. Se lo tomó de un solo trago. Cuando llegamos a la casa, Agustín y yo nos bajamos. Pablo prendió nuevamente la camioneta y se largó. Creo que debemos emborracharnos – me dijo agustín – yo estoy lo suficientemente borracho, pero todavía puedo un poco más.- le respondí. Y fumamos unos cigarrillos y nos tomamos las dos botellas de pisco y nos fumamos un porro y nos fuimos a dormir, por que los dos trabajábamos Temprano al otro día.