jueves, 24 de mayo de 2012

LA ZONA



Terminaba de leer la máquina de follar cuando me di cuenta que se me habían acabado las pastillas. Me levanté de la cama, pero la sábana se me había quedado pegada a las piernas.
El día estaba nublado y yo sentía ganas enormes de vomitar. Eso era normal, por lo que decidí dar una vuelta por la cocina y mirar dentro del refrigerador por si había algo para beber. Tomé una botella de leche y caminé al mueble cerca del lavaplatos para tomar la caja de paracetamol. Tomé 4 pastillas las puse en mi boca y tome un gran trago de leche. Di un par de vueltas por la casa, y sentí esa sensación de que ya no me quedaba nada más que hacer. Volví a acostarme y me puse a dormir.

Al despertar todo seguía igual, menos la almohada que estaba mojada por la cantidad de saliva que había dejado salir de la boca. Me di vueltas en la cama como tratando de aplanar el colchón una y otra vez. Pensaba en cómo salir de este lugar sin caerme por las escaleras.  Sabía que no era fácil y tenía que pedirle ayuda a mi cuerpo para que se pusiera en contacto con mis piernas, que mientras tanto, volvían a sufrir calambres tibios bajo las mantas de la cama.

Al saber que la vida no iría a ningún lado, ya que tu cuerpo está postrado en una idea pesimista, atrapada en un lamento psicológico maldito; decidí darme el tiempo de contar una historia. Que en verdad no es una historia, sino un relato absurdo, de esos que comúnmente suelo enseñarles a las personas que no me conocen y tienen tiempo de creer que hay algo interesante al  final de la lectura, pero en conclusión no tiene sentido ni en lo narrativo como en lo significativo, creo.

El relato Se llama:

"LA ZONA" 

El Miéroles 8 de octubre del 2012, fue el día en que claudio se dio cuenta que él ya no sería responsable de las consecuencias producidas por las borracheras de su madre. Por lo que decidió tomar su maleta y salir a caminar por el país.

Recorrió la ciudad
Recorrió el campo
Recorrió la playa
Recorrió la montaña
Finalmente volvió al campo y decidió ubicarse en Vilches alto,  muy cerca de la ciudad de Talca, pero hacia la cordillera. 

Al principio durmió debajo de un puente, que separaba dos rios importantes de esa región, el rió azúl y el rio Blanco, pero aclarar ésto no es de importancia.

Lo que importa es que claudio observó la naturaleza con ojos que jamás había pensado que llevaba consigo. Comió vegetales con una boca que jamás pensó que cargaba. Olió flores con una nariz que no sabía que tenía, y  escuchó el viento, con oídos que nunca había prestado atención.
Todo esto hizo que Claudio se transformara en un enorme trozo de hielo
y ahí se quedó.

Cuando abrió los ojos ya era verano, las golondrinas cantaban por el campo,  las montañas y los volcanes.
Claudio, al observar su cuerpo, se dio cuenta que ya no seguía congelado.
Ya no tenía frío
Por lo que decidió volver.

Al llegar a casa, descubrió que su madre dormía en un sofá tiritando.
abrió las puertas de la despensa y sacó una botella de vino, la descorchó y sirvió dos copas. Las puso sobre la mesa y despertó con un beso a su madre.

Ella lo miró con rabia en lágrima
y le preguntó que dónde había estado todo éste largo año

Claudio la miró con esos ojos Animales y le respondió en un secreto.