
LA fabrica esta abierta para ser derrotada en un cuento que no es precisamente un cuento. Dejémoslo claro. La razón de todo era existir para narrar una historia sencilla y sin motivo alguno Comenzamos de nuevo.
Más tarde, como a las 5 de la mañana, el pobre hombre derrotado vuelve a casa. Pero esta vez no regresa a casa pensando que ha tenido un mal día, por el contrario, vuelve feliz. Y vuelve feliz por que el día lo ha sorprendido de manera brusca y sin preservativo. Al principio, en la mañana, parte con un café. Él pobre hombre no esta acostumbrado a tomar café en las mañanas, por lo que todo el día siente mal estar estomacal. Esto no impide que haga el día tal cual fue programado. Al salir de su casa, sale muy abrigado, ya que en esa región en particular, las mañanas son muy heladas, con una llovizna muy ligera y humeante. Pero durante el día, el cielo abre y 20 grados de calor entran por su cuello. Dejándolo derretido y deshidratado antes de las 3 de la tarde. Vuelve en sí y baja unos litros de agua. Pero sigue adelante. El hombre derrotado, siempre ha vivido derrotado por lo que nada le sorprende. A la hora de almuerzo su comida ha sido robada. Un sobre de sal espera por él, en una bolsa grande y vacía que se infla por el viento caliente que la tarde trae consigo. El hombre derrotado camina al basurero y entierra la bolsa en otra bolsa. Las bolsas se mimetizan cuando contaminan. Éstas se mimetizan. El hombre derrotado envuelve sus cuadernos por que ya no les sirven. Las hojas blancas se han terminado y no recuerda la última vez que terminó un cuaderno. Pero el cuaderno se mancha. El lápiz del bolsillo de la camisa gotea. Su camisa gotea. El hombre derrotado no gotea. Limpia el desastre y vuelve al basurero. Piensa que esta vez se quedará junto al basurero por más tiempo. Tiempo que no tiene, por que ya es hora de volver a casa. La casa que siempre olvida que tiene, por que en verdad no tiene. No tiene nada y nada le sorprende. El hombre derrotado toma sus cosas sale a la calle y vuelve. Vuelve al principio de todo. Donde amanece y atardece al mismo tiempo para comenzar de nuevo la tarde noche y dormir. El hombre derrotado abre la puerta de su dormitorio y se desnuda. Cuelga sus pantalones y su camisa. En verdad nunca usó camisa, pero le hubiera gustado mucho usar una. Alguna que le quedara bien. Pero no tiene y no se preocupa ya que otras veces había pensado lo mismo y no llegó a nada. El hombre derrotado cierra las ventanas y prende la luz de su velador. Se tiende. Se cubre con las mantas de cama. Apaga la luz. No puede dormir como todas las noches. Pero se siente distinto. Esta vez no se siente derrotado, al contrario, se siente feliz. El hombre derrotado no puede dormir. El hombre derrotado no puede dormir por que ya no se siente derrotado. Ahora se siente feliz. Recuerda que no ha pagado la cuenta de la luz. El agua. Pero se siente feliz. El hombre derrotado se desarma, se hunde en el sueño perfecto de las horas, camina por el suelo como todos los días, pero ésta vez esta dormido.